Un faro resplandece en la noche oscura, el murmullo del agua y la brisa marina casi se pueden tocar en el aire. En la arena, casi invisible ahora, hay un pequeño corazón dibujado al lado de unas Adidas de chica. La propietaria, se está bañando, no parece importarle el hecho de que sean casi las doce de la noche, o de no tener toalla ni ropa de cambio. Aparentemente no hay nada que perturbe la calma con la que lentamente va sumergiéndose en el agua. Piensa en muchas cosas, en demasiadas. Poco a poco va apartando cada pensamiento de su cabeza, primero los menos importantes. Cómo por ejemplo cómo entrará en casa sin que la oigan, o que hará mañana al despertar. Luego, un poco mas costosamente, aleja de ella alguna que otra idea más relevante. Así, paso a paso conforme va metiendose en el agua va olvidándolo todo... El objetivo es dejar la mente en blanco por completo, alejar toda la frustración. Pero, al final, como no puede ser de otro modo queda algo en lo que no puede dejar de pensar. Él. Y ya no sabe si es un sueño o es real, pero de repente la figura de un chico de más o menos su edad aparece en la orilla. Lleva una toalla y le hace gestos con la mano para que se acerque. Ella, sin saber por qué, obedece. Y de repente todo cobra sentido, el la arropa entre sus brazos, la tapa con la toalla y le susurra al oído que no pasa nada, que todo está bien. Que la quiere. Ella nota que tiene frío, y tiembla por primera vez desde que entró al mar. Entonces se da cuenta, de que es 7 de Febrero, de que hace frío de verdad, de que él no es un sueño. Y sigue susurrándole durante todo el trayecto a casa que la quiere, que nunca la dejará, que no hay nada mas fuerte que dos personas que se quieren de verdad. Y ella se siente segura con él, con ese al que tanto ama.

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