domingo, 10 de abril de 2011
La ciudad arde.
Y nosotros ardemos con ella, refugiados cada uno en los labios del otro. Con la única necesidad de sentir sendos corazones, con latidos y respiraciones constantes. Y dos cuerpos que se funden en el mismo instante en el que recuerdo como comenzó todo. Y sólo querer sentirte, y notar el frío de la noche y a la vez, el calor de tu abrazo. Pensar cómo sólo con tu mirada, o el tacto de tu piel, puedes crear mi felicidad eterna. Ahí fuera hay ruido, luces, fuego. Y ya puede estallar la ciudad, ya puede pasar de todo. Contigo siempre será perfecto.
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