Dulce como la melodía de la mañana, cómo esos suspiros suyos que a veces invaden tu cama. Dulce cómo el perfume de su ropa, dulce cómo el rayo de sol al posarse cálido en tus pestañas. Dulce cómo sus besos, hechos de magia y de deseos escondidos, dulce como la miel y el chocolate. Dulce. Dulce como vuestra historia. Que parece espolvorear azúcar glasé sobre la amargura de días pasados.

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